Señales y órdenes de los agentes de circulación (2)

Continuando con las señales y órdenes de los agentes de circulación, es el momento de ver el significado que éstas tienen cuando las realizan los agentes estando fuera de su vehículo.

Empezaremos con el caso de un agente de circulación que se sitúe en la calzada con el brazo levantado verticalmente. Esta señal sirve para ordenar a todos los conductores que detengan su vehículo cuando se aproximen al agente, salvo en el caso excepcional de que no se pudiera detener el vehículo sin poner en riesgo la seguridad del resto de usuarios de la vía.

Esta obligación de detenerse también puede señalizarse mediante el balanceo de una luz roja o amarilla por parte del agente. Aunque en este caso sólo se detendrían los vehículos a los que se señalase con dicha luz.

En caso de que el agente estuviera con el brazo (o brazos) extendido horizontalmente, se deberán detener los vehículos que se aproximen al agente desde direcciones que corten la indicada por su brazo. Esta orden seguirá en vigor incluso si el agente baja el brazo, pudiendo reanudar la marcha sólo cuando el agente haga otra señal o cambie de posición.

Si el agente tuviera el brazo extendido pero lo moviera de arriba abajo, entonces no hay que detener el vehículo.

Por último a estas señales habría que añadir las sonoras, que son dos principalmente. Por una parte, varias toques cortos de silbato ordenan la detención del vehículo. Mientras que un toque largo serviría para ordenar la reanudación de la marcha.

Con esto quedan definidas todas las señales que los agentes pueden realizar para influir sobre la marcha de la circulación, ya sean éstas efectuadas desde el interior o el exterior de su vehículo.

Señales y órdenes de los agentes de circulación (1)

Cuando el conductor piensa en la señalización suele hacerlo relacionando ésta con señales de tráfico como las de Stop y Ceda el paso o bien, en señales luminosas como los semáforos. Sin embargo pocas veces se cae en la cuenta de que buena parte del conjunto de la señalización está compuesto por órdenes y señales de los agentes de circulación. Por eso, es necesario tener claro cuáles son éstas y su significado.

Conviene diferenciar entre las señales que realizan cuando los agentes van en vehículos a las que hacen con sus brazos o cuerpo en una posición estática.

Entre las primeras destacan las banderas de tres colores: rojo, verde y amarillo. La bandera roja señaliza que la calzada queda temporalmente cortada al tráfico salvo para aquellos vehículo que acompaña o escolta el agente. Por el contrario, la bandera verde significa que la calzada queda nuevamente abierta al tráfico. Mientras que la bandera amarilla avisa de un peligro en la vía, por lo que hay que extremar la precaución.

Si un agente, desde su vehículo, comienza a hacer señales con el brazo, extendiéndolo hacia abajo de forma inclinada, entonces está transmitiendo la obligación de detener el vehículo al que se dirige la señal.

Finalmente, si un vehículo de los agentes de circulación conecta sus luces rojas o amarillas intermitentes hacia delante quiere señalar que el conductor que le precede debe detener su vehículo en el lado derecho de la calzada.

En un próximo texto analizaremos las señales del segundo tipo, las que realizan los agentes desde una posición estática con sus brazos o cuerpo.

Las obligaciones del conductor adelantado

A la hora de hablar de los riesgos que supone una maniobra de adelantamiento se presta mucha atención a todas las precauciones que ha de tomar el conductor que se dispone a realizar dicha maniobra, sin embargo, el conductor del vehículo adelantado, suele quedar en un segundo plano en cuanto a responsabilidad, como si él no tuviera ninguna obligación en dicha maniobra, cuando esto no es así.

El conductor adelantado está obligado a facilitar todo lo que sea posible la maniobra, para lo cual debe aproximarse al borde derecho de la calzada y en ningún momento debe aumentar la velocidad de su vehículo mientras es adelantado. Además, si una vez iniciado el adelantamiento, nota que la maniobra pudiese suponer un peligro para alguno de los usuarios de la vía está obligado a reducir su velocidad para facilitar la conclusión del adelantamiento.

Pese a lo señalado anteriormente, si el conductor que iba a realizar el adelantamiento desiste de la maniobra, entonces sí que el conductor adelantado podría acelerar la marcha de su vehículo, facilitando la vuelta del otro vehículo a su carril.

Un punto que merece especial atención es el de los vehículos de grandes dimensiones, pesados o que deban respetar un determinado límite de velocidad. Cuando las situaciones de la vía no permiten un adelantamiento sencillo y rápido (por ejemplo: por un excesivo tráfico o porque el ancho de la vía no es suficiente), entonces los conductores de estos vehículos deben, o bien reducir su velocidad de marcha, o si no, desplazarse hacia el arcén de su derecha cuando éste sea practicable, para poder dejar paso a los vehículos que le siguen.

Por lo tanto, pese a que parezca que cuando somos adelantados toda la responsabilidad recae en el otro conductor, esto no es así, y el conductor adelantado también tiene unas obligaciones que cumplir.

El transporte de niños pequeños

Por norma general el transporte de personas, no suele presentar mucha complicación en cuanto a la normativa reguladora. No es posible transportar más personas que plazas autorizadas tenga el vehículo, cada persona debe ir  sentada en su asiento correspondiente, los ciclos o ciclomotores unipersonales no podrán transportar a más de una persona,… Nada especialmente complejo, y en muchos casos, son medidas de sentido común que ni siquiera resulta necesario estudiar. Simplemente con nuestra experiencia como pasajeros, estamos al tanto de ellas.

Sin embargo, cuando se trata de transportar niños pequeños la cosa cambia y entran en juego algunas variables que hacen que el asunto presente algunos condicionantes que conviene saber.

Así, queda totalmente prohibido circular con un menor de 12 años ubicado en alguno de los asientos delanteros del vehículo, salvo que dispongan de algún dispositivo homologado a tal efecto, como una sillita o un “cojín”. De igual modo,  llevar de pasajero a un menor de doce años a bordo de una motocicleta o ciclomotor está prohibido, punto que se extiende a los vehículos con sidecar.

En el caso de los ciclos construidos para transportar sólo una persona, si se les puede acoplar un asiento adicional homologado, entonces sí  que puede transportarse a un menor de siete años en dicho asiento, siempre y cuando el conductor del ciclo sea mayor de edad.

De forma excepcional, se permite el transporte de pasajeros mayores de 7 años en los ciclos, siempre que se cumplan las medidas de seguridad exigidas, el pasajero circule con un casco homologado en la cabeza y los conductores sean los tutores, padres, madres o un mayor de edad autorizado por éstos.

 

Señales y placas distintivas

Algunos de los vehículos que circulan por la vía tienen características propias. Así, un coche de policía, un camión que transporte mercancías peligrosas o un vehículo agrícola tienen ciertas particularidades que conviene resaltar al resto de usuarios de la vía para que actúen en consecuencia. El método que se usa para esto son las placas y señales distintivas.

Colocadas en ciertos vehículos, estas placas y señales sirven como una forma de señalización óptica de forma que sirven para dar a conocer cierta información referente al vehículo que las porta. Entre ellas pueden destacarse las siguientes:

Todos los vehículos de policía deberán llevar rotulado a sus costados tanto el nombre del cuerpo policial al que pertenecen como su imagen corporativa. Sirve para señalizar a un vehículo de esta clase que no se encuentra en un servicio urgente.

Algunos vehículos tienen marcada una limitación de velocidad que no pueden superar. La forma de comunicarlo al resto de usuarios de la vía es mediante la colocación en la parte posterior del vehículo de un disco blanco en cuyo interior, en letras negras, se marca su velocidad máxima.

A la hora de realizar un adelantamiento, los vehículos largos (suyo tamaño supera los 12 metros) pueden suponer un auténtico problema para muchos conductores. Por ello se destaca esta circunstancia por medio de una llamativa señal reflectante de color amarillo con el borde rojo, que tiene unas dimensiones de 1300 milímetros de longitud por 250 de altura, estando centrada con respecto al eje trasero.

Por último, otra de los distintivos más habituales en nuestras carreteras es el de los vehículos que transportan mercancías peligrosas, los cuales se distinguen por dos paneles reflectantes de color naranja los cuales se colocan uno en la parte delantera y otro en la trasera y cuyas cifras identifican el tipo de materia que transporta.

La carga de mercancías

A la hora de transportar alguna carga o mercancía en un vehículo hay que tener muy claro que ésta debe disponerse de una forma determinada. La legislación marca una serie de procedimientos,  destinados a que la carga de mercancías no se convierta en un peligro o cause  problemas o molestias al resto de usuarios de la vía.

De esta manera, se establece que hay que poner la carga en el vehículo perfectamente fijada y sin que arrastre por el suelo, asegurándonos de que no se producen movimientos indeseados que puedan conllevar una desestabilización del vehículo.  Tampoco se puede transportar la carga a través de las puertas abiertas del vehículo.

Además, hay que evitar producir polvo o un ruido excesivo. En caso de que sea inevitable que la carga desprenda polvo u otras pequeñas partículas, entonces debe transportarse en un vehículo o recipiente cerrado, o como mínimo, cubrir la carga totalmente, de forma eficaz.

En caso de mercancías consideradas peligrosas, es obligatorio disponer de extintores adecuados al producto que se transporta. A ello hay que sumar que los vehículos que se encarguen de transportar este tipo de mercancías deben ir provistos de un calzo adecuado para el diámetro de sus ruedas y la masa del vehículo.  Estos vehículos también deben tener tanto en su parte delantera como trasera, y de manera bien visible, dos paneles reflectantes de color naranja que avisen al resto de usuarios de la vía de la peligrosidad de su carga.

Como norma general para el transporte de mercancías se prohíbe que ésta sobresalga de la proyección en planta del vehículo, o lo que es lo mismo, no puede ser más alta, larga o ancha que el propio vehículo.

Cómo advertir una maniobra utilizando el brazo

Cuando se va a realizar una maniobra existe la obligatoriedad de comunicarla de forma adecuada al resto de usuarios de la vía. Así, si queremos adelantar, cambiar de dirección, estacionar, pararnos o realizar cualquier otra maniobra, deberemos advertirla usando alguno de los métodos estipulados a tal efecto.

Lo más habitual suele ser ayudarse de las señales luminosas del automóvil, pero también podemos vernos en la situación de que estas luces no funcionen de forma adecuada por algún problema y debamos advertir las maniobras con ayuda del brazo.

Es muy importante señalar que las señales realizadas con el brazo son completamente válidas siempre y cuando sean claramente perceptibles por los otros usuarios de la vía y se realicen de forma correcta. Además, estas señales tendrán preponderancia sobre cualquier otra señal óptica, incluso si es contradictoria.

A la hora de realizar una advertencia óptica con el brazo, deberemos efectuarla con la suficiente antelación antes de comenzar a realizar la maniobra señalada. En el caso de los desplazamientos laterales se marcarán con el brazo extendido con la palma hacia abajo, si nos vamos a desplazar hacia el lado que señala el brazo, o con el brazo doblado hacia arriba y la palma extendida, si pensamos girar al lado contrario.

En caso de querer circular marcha atrás, habremos de advertirlo sacando el brazo por la ventanilla, extendiéndolo y girando la palma de la mano hacia atrás.

Hay que recordar que las maniobras siempre suponen una situación de riesgo por lo que su correcta señalización es fundamental para reducir los peligros de sufrir un posible accidente.

Velocidades máximas para motos y turismos

Una de las dudas más habituales que tienen los estudiantes de autoescuela es saber a qué velocidad máxima puede circularse en cada vía. Las variables son muchas según el tipo de vehículo y de vía, pero hoy nos vamos a centrar en los dos casos más habituales: motos y turismos.

De forma general, tanto motos como turismos, pueden circular por autovías y autopistas a una velocidad máxima de 120 km/h, salvo señalización que indique lo contrario. En el caso de las carreteras secundarias el límite baja hasta los 100 km/h, ó 90 km/h en caso de que el arcén sea inferior al metro y medio. Y finalmente, dentro de ciudad, en vías urbanas, la velocidad máxima se sitúa en los 50 km/h.

El Reglamento General de Circulación es muy estricto en cuanto al respeto de estas velocidades máximas, y su incumplimiento se considera una infracción grave o muy grave, lo que supone una multa de entre 100 y 600 euros, así como la pérdida de entre 2 y 6 puntos en el carnet variando según el exceso de velocidad que se cometa.

Además, si se supera la velocidad permitida de forma excesiva, puede incurrirse en un delito penal. Este caso se da cuando se superan los límites establecidos en más de 80km/h en vías interurbanas o más de 60km/h en vías urbanas.

Los infractores pueden ser castigados con una pena de prisión que va desde los 3 a los 6 meses, la retirada del carnet de conducir de 1 a 4 años y la obligación de realizar trabajos comunitarios durante un mínimo de 30 días y un máximo de 90.

Los diferentes tipos de velocidad

Aunque de forma habitual solemos hablar de la velocidad como algo genérico, es posible diferenciar distintos tipos de velocidad.

Una de las diferencias que podemos señalar es si ésta es adecuada o inadecuada. La primera podría definirse como la velocidad a la que debemos circular en un momento concreto, pudiendo variar según las circunstancias a las que nos enfrentemos (clase de vía, estado de la misma, climatología,…). La velocidad inadecuada sería el caso opuesto al anterior, no adaptándose a las circunstancias de la circulación, como por ejemplo sería el caso de circular demasiado deprisa con la vía mojada, sobrepasar los límites marcados para un tipo de vía concreto o circular a una velocidad excesivamente baja entorpeciendo el tráfico.

Por otro lado podría hablarse también de velocidad moderada, la cual puede englobarse dentro de la velocidad adecuada, pero con el punto característico de que es más reducida debido a ciertos condicionantes o posibles peligros de la circulación.

Por el contrario la velocidad excesiva es aquella a la que circulamos sobrepasando todos los límites fijados para el tipo de vía en el que estamos. Se trata por tanto de un caso concreto de velocidad inadecuada.

Finalmente podemos incluir en esta clasificación de distintos tipos de velocidad, la velocidad anormalmente reducida, que sería aquella claramente por debajo del límite inferior de velocidad permitido y que resulta altamente peligrosa por inadecuada.

Es importante recordar que en el caso de que nuestro vehículo circulase a una velocidad anormalmente reducida porque no existe la posibilidad de alcanzar el mínimo exigido, se deberán activar los intermitentes y la luz de emergencia para disminuir el riesgo de sufrir un percance con alguno de los otros ocupantes de la vía.

La distancia de seguridad

Uno de los elementos más importantes en el campo de la seguridad vial es sin duda el concepto de distancia de seguridad. Se trata de algo básico que todo conductor debería respetar, pero a la hora de la verdad, lo cierto es que muy pocos lo hacen, ya sea porque no saben cómo funciona o, peor aún, por simple desidia.

De forma  general, la distancia de seguridad puede definirse como la distancia de separación que debe haber entre nuestro vehículo y los vehículos de alrededor de forma que podamos ser capaces de detener nuestro automóvil completamente sin generar un percance con los otros ocupantes de la vía. El mantener la distancia de seguridad es un requisito obligatorio, y en caso de incumplimiento puede ser motivo de sanción, tanto económica como en pérdida de puntos.

A partir de la definición anterior se deduce que la distancia de seguridad no es una medida fija, sino que resulta variable, viéndose afectada por múltiples factores.  Es más, no existe una única distancia de seguridad, sino que se puede hablar de hasta tres distancias de seguridad que hay que respetar.

En primer lugar estaría la frontal, que engloba el espacio entre nuestro vehículo y el que lo precede. Junto a ésta encontraríamos la distancia lateral, que es la distancia a respetar entre nuestro vehículo y los que circulan a nuestra izquierda o derecha. Y finalmente estaría la distancia trasera, fundamental cuando se adelanta a otro vehículo.

Todas pueden variar en función del estado de la carretera, el número de vehículos en la vía o la velocidad a la que circulemos, pero lo más importante es tener siempre presente que hay que dejar un margen suficiente para poder actuar en caso de percance inesperado.